martes, 22 de junio de 2010

NO OYES LADRAR LOS PERROS:
Un viejo lleva cargando en su espalda a su hijo Ignacio que va herido de muerte. Ellos se llevan muy mal que el padre trata a su hijo de usted, pues éste se hizo salteador de caminos. Pero por el recuerdo de su mujer difunta, el padre lo lleva, montaña arriba, hasta Tonaya, en la esperanza de encontrar allí a un médico. El no ve el pueblo y el viejo al menos quiere que su hijo escuche el ladrar de los perros para asegurarse de que ya están llegando. Al soltar el cuerpo muerto de su hijo destraba difícilmente los dedos con que su hijo viene sujetándose de su cuello y oye el ladrar de los perros. Hasta con esta última esperanza su hijo no lo ayudó.

No hay comentarios:

Publicar un comentario